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mayo 03, 2012

Reflexiones sobre la posibilidad de un nuevo cine mexicano

por Aquiles Baeza


Hace más o menos dos años fui a ver, movido por el morbo, una película mexicana llamada Daniel y Ana, primer trabajo de Michel Franco. La cinta trata, a grandes rasgos, un caso supuestamente real: dos hermanos son secuestrados para ser grabados en un video porno. A pesar de que me pareció pretenciosa, aburrida y nada lograda, la película me llevó a pensar un mecanismo no explorado por las personas involucradas en el mercado del cine en este país: el secuestro como camino para incrementar y mejorar la producción fílmica en México.
Pensémoslo un momento. Las ventajas serían considerables. Primeramente, solucionaríamos el gran problema de la pobreza actoral y temática de nuestras películas: los actores serían enteramente manipulables siempre y cuando tuvieran una pistola, en lugar de un director preparado, detrás de la cámara. Si quisiéramos, por ejemplo, lograr que nuestra actriz pudiera con una crisis de llanto desesperado, bastaría con que alguno de los asistentes técnicos la violara antes dos o tres veces; si pretendiéramos mostrar a un niño muy feliz, se solucionaría con un encuadre cerrado al rostro mientras le hacemos cosquillas; si contáramos la historia de un hombre de familia que ha sido despedido injustamente, recurriríamos a un examen de próstata, evidentemente realizado por alguien calificado, para enriquecer su expresión facial. Más allá de todo esto, hay que pensar en las grandes obras literarias que podríamos adaptar a nuestro cine con un éxito rotundo: nuestro Edipo Rey sería, por mucho, más creíble si contáramos con una madre, un hijo y un profeta ciego de verdad (lo último se soluciona fácilmente con uno de esos indigentes que hay en el metro de la Ciudad de México).  Nuestro Quijote lo protagonizaría algún ex presidente que haya quedado más o menos como López Portillo y, su inseparable Sancho, correspondería a su secretario de Gobernación.
Además, cabe mencionar, aminoraríamos el problema del presupuesto para la producción de cada filme, ya que podríamos exigir más y más dinero a la familia del secuestrado para pagar todo lo que cuesta hacer una película más o menos respetable. Ello, inevitablemente, generaría un orgulloso país de productores cinematográficos.
En cuanto al público tan poco exigente que padecemos hoy, al que de alguna forma se debe parte de la responsabilidad de la pobreza fílmica en México, bueno… Eso ya ni siquiera sería materia de preocupación. ¿A quién no le gustaría verse o ver a algún ser querido protagonizando una película? Mirar a nuestros amigos o familiares en la pantalla grande incentivaría más de lo que imaginamos el consumo de cine nacional. Así, escucharíamos en boca de los espectadores cosas como “¿Ya viste que acaban de hacer un refrito de Dogville aquí? ¡Chécalo, la protagonista es mi mamá!”
Lo que me parece más importante de mi propuesta es que, en estos tiempos tan difíciles, tiempos en que nos encontramos tan desesperanzados de nuestras capacidades como nación, podríamos generar un fenómeno de autogestión. Es decir, ¿por qué recurrir a modelos extranjeros para salvar el cine nacional cuando podemos levantarlo mediante algo que hacemos tan bien? ¿No nos crearíamos una reputación más que respetable frente a otros países aprovechando uno de nuestros mayores talentos, el secuestro, para generar como nadie nuestra propia cinematografía?
Yo estoy seguro, en lo más profundo de mi corazón, de que con algo de fe en nosotros y mucho trabajo en equipo, podemos hacerlo.
Considere usted si tengo razón.

marzo 14, 2012

Toda persona debería poder elegir sus sueños. Incluso debería poder recordarlos todos y decidir cuál sueño soñar, cuando no quiera soñar algo nuevo. Es de suponer que en un momento tan íntimo, tan propio de la inconsciencia parte, lo mínimo que se podría tener es control de nuestros sueños. Esto no sucede así. Acontece una porquería muy mucho diferente, que ha llevado a ciertos compañeros pa' posturas un tanto paradójicas. Y aquí nos vemos en la mañana tratando de recordar el sueño del descanso de los párpados cerrados, pero no recuerdo nada. Ni una imagen que me dicte dónde anduve. Mejor seguir con el sueño de los párpados abiertos como dice el carnal acorazonado de mi maistro: cuando sudo sueño. Allí se decide cómo encaminar el volar del día.

- Ardo Astillo Oreno -


febrero 26, 2012


LENGUA MATERNA

La tristeza: un apetito que ninguna desgracia satisface. 
E. CIORAN

Ninguna desgracia me ha matado, salvo la desgracia de seguir sentado, inquieto por el reflejo tímido de mi voz en un puñado de amargas letras. Sentado y persiguiendo con la ira de mis pensamientos a las moscas, a los ecos de las costras.

Mi lenguaje es un residuo de dislocaciones, de vanas convenciones, es un sistema sucio, malformado, decrépito y lamentable; y con él habito los labios, y con él engancho a mis presas, con él construyo un sino discontinuo e impalpable. En él me prefiguro como estúpido poeta, y el consuelo es para mí arrastrarlo en las aceras, escupirlo en las banquetas, desintegrarlo en las puertas, explotarlo en las azoteas, herirlo en las guerras, estropearlo con las piernas, escribirlo con las venas.

A través de sus proezas encubro a la mentira, con su pro-gramática estructura salpico lo que me rodea. Porque mi lenguaje no recrea, alimenta o construye, mi lenguaje deshidrata, arruina y patea. Con él no charlo, sino engaño, no comunico, sino obstruyo, no conecto, desconecto, no enlazo, arrebato, no seduzco, atormento, no acerco, los alejo. 

                                                          - Morris Peleta- 

febrero 23, 2012


*
TODOS SOMOS HEREDEROS DE ADAN
- Victor G. Pineda Benítez -

Anda en mi cerebro una gramática dolorosa  y brutal... 
VICENTE HUIDOBRO: ALTAZOR

El principal escombro que arrojó el dios del sueño fue la mística creación de Adán. El Adán que sintió en su seno el delirio existencial, el que arrastró los grilletes del destino, el que despertó un día entre la neblina y creyó estar en el cielo. El que sucumbió ante la mirada de la hembra, el palpitante y loco Adán, el que recibió con obtuso eco un látigo intelectual, la hostia de la abstracción, el naturalismo de la ciencia, la doctrina de lo real, la simbiosis de lo imperfecto, la cirugía de la palabra, el dolor por el pensar. Un Adán cabalgando por sus recuerdos, repitiendo con debilidad la historia misma de lo mortal. 
    Este hombre despertó entre el miedo y la turbulenta pesadilla; se refugió en la forma del fuego, acostado sobre la tierra, hiriendo con la constancia de un respiro las sinuosas formas del tiempo. Qué sopor, qué flagelos, qué vida fue tu vida, una presa del destierro y repleta de fragilidad. Flores, mañanas, desiertos y canales; enjambres, huesos y colores; abetos, ceibas y panales; bostezos, deseos y ardores. 
    Desprendiste, ¡oh pobre Adán!, del pecho y de la garganta un sonido que significó el mundo del paraíso. Significaste por el camino a todo camino, significaste las siluetas que se embarraban en tus catástrofes ojeras, significaste la temperatura, la luz del sol, los pasos y las estrellas; significaste el monte, las veredas, significaste a las bestias. Tu poder creativo, dirección en profundidad, se fue impregnando en la hostilidad de la roca y en la indiferencia del viento. Tus gemidos fueron clamores y significaron, también, sus razones elementales; te contagiaste de la creación e hiciste la conjunción. El dolor de espina fue espina, el sudor de tierra fue tierra, el sabor de ajenjo fue ajenjo, la oscuridad del sueño fue vida, y despertaste Adán, como loco a este encuentro. A significar constantemente y a enmudecer con tus palabras los significados del planeta. Te atreviste a hacer tuyo el universo, a silenciar a las sirenas y reescribirlas en epopeyas, a valerte de tus palabras para derribar al hielo, para calificar el vuelo. Te consumió una estúpida razón, intensiva fórmula por comprenderte ciego, te bañaste de palabras y bañaste todo, todo lo que pisas, todo lo que tocas, rosas y pateas. 
    Pero fuiste lejos, anduviste errante con tu quimera alumbrando los desiertos, despertando en las praderas, maquillando tus ideas. ¡Oh, pobre y perdido Adán! Cuando sufriste en el sueño muerte, sufriste con dulce ardor el estupor del silencio, ¿y por qué no gozaste, por qué no arruinaste el silencio con las risas, por qué no iluminaste con tu alquimia el entierro? Y el silencio resonó y tu voz se hundió en el ensueño...
    Entonces dejaste de canturrearle al viento, de significar los ecos, de absorber al cielo; ¿y qué inventaste para mejer tu vida en la ruptura del tiempo, qué invento nació de tu locura, de la desbordante pasión y del delirante anhelo? 
    Perturbado por el ensordecimiento, por la reflexión del fuego en tu cerebro, por la invisibilidad del eco, agonizando en las sombras del destierro, loco y desorbitado, pobre Adán, vomitaste tus razones, te capacitaste para nunca más sentir y expresar, te consumió la neblina del pensamiento. ¡Comenzaste a crear! Te apartaste de las sombras, de las formas del universo, desbarataste tus propios significados, te odiaste por padecer milenios la letanía del nombramiento. Entonces surgió en ti una enfermedad gramatical, un extraño ordenamiento... y todo parecía perfecto, tu preciso lineamiento, tu sagrada configuración, te creías soberano del mundo entero, adiestrando y compartiendo tus placeres, domesticando las estrellas, materializando a las palmeras... pero cobarde y ciego fuiste envejeciendo pobre Adán, más pobre y más ciego que cuando naciste, más solo y más triste. Y el miedo, y las palabras, y tus miradas, ¡ay!, y todas tus veladas, tus sueños de vida soñada, tus porquerías acumuladas, te diste cuenta que cuando hablabas te anquilosabas y te proyectabas contra el tiempo; al mirarte en la especular virgen del sueño añorabas el silencio, lo buscabas entre las oraciones, entre las enciclopedias, entre las significaciones. Nostálgico y derrotado, abrumado de sintagmas, putrefacto entre las palabras, fuiste durmiendo el sueño eterno y ahí, alrededor de tu cuerpo, como etérea mandorla te cubrió el silencio.

*